
La cueca es una faraónica y gigantesca pirámide de datos científicos, bañada por la ciencia y la sabiduría del desierto. No sólo se debe conocer las raíces del original y las letras y la arquitectura de su canto, sino que hay que perforar paredes y abrir una ventana para ver y comprender, con los ojos bien abiertos, todo el ordenamiento del mueblaje interior de la cueca. Se debe contemplar y analizar, como un ser vivo, toda la anatomía fisiológica de su compleja composición, porque desde la base hasta la cima hay mucho que decir y se debe comenzar por el principio, o sea por el cabezal que es la música de 16 metros. Después, la forma que tomara con el verso llave todo el desarrollo del cuerpo, hasta que el cerrojo remate y corone el edificio sonoro.
La cueca no es un brote, no es un renuevo ni ramaje del viejo tronco andaluz, sino que la obra maestra del canto de los árabes, que sin retoques de ninguna especie fue trasplantado enteramente a1 suelo de América.
El canto de la cueca se llama a la daría y se toca una clase de pandero que se llama daría. La melodía que se entona o se hace antes de cantar también se llama daría.
La cueca se compone de una música de 16 metros, de una copla, de una seguidilla y de la impostación árabe de canto. La copla escrita y música son dos moldes estáticos y diferentes, que tienen una medida fija.
Fernando González Marabolí
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